En la última década se han dedicado a entregar postres, lanzar pasteles en la cara de famosos y poderosos. Y también los unos a los otros. Dos videoclips: unos sobre Noël Godin, el padrino de la rama europea del movimiento, y un clip sobre la tarta que fue lanzada a Milton Friedman, una de las primeras acciones de BBB. Si los haces bien todo el mundo reirá, incluso los jueces y los policías. No hay defensa contra éste arma. Hay libros sobre la historia y la práctica del lanzamiento de pasteles. En español se ha publicado un “Manual de comunicación de guerrilla” en que la BBB escribió un capítulo.
La historia de los lanzadores de pasteles empezó con las slapstick movies de los años 20, y posteriormente Aron Kay (el Pieman) en los Estados Unidos, y Godin en Bélgica, tuvieron la idea de lanzar tartas a políticos y demás gente no grata. En los años 60 y 70 el movimiento era muy popular. Cuando actuaron con Bill Gates se aseguraron de la presencia de muchas cámaras, y así empezó el tsunami de lanzamientos de pasteles por todo el mundo. Muestran archivos de vídeo raros.
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En la última década se han dedicado a entregar postres, lanzar pasteles en la cara de famosos y poderosos. Y también los unos a los otros. Dos videoclips: unos sobre Noël Godin, el padrino de la rama europea del movimiento, y un clip sobre la tarta que fue lanzada a Milton Friedman, una de las primeras acciones de BBB. Si los haces bien todo el mundo reirá, incluso los jueces y los policías. |
La idea principal es “piensa por ti mismo, no hay nada que puedas aprender”. Para crear un grupo sólo se necesita una camiseta. Se puede organizar un lanzamiento de pasteles en serie contra una persona. Por ejemplo, hay un filósofo francés que ha sido víctima 7 veces del grupo de Godin. Si lo haces bien puedes arruinar la carrera de un político y llamar la atención sobre un tema concreto. |
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Los errores también son importantes. Por ejemplo, cuando lanzaron el pastel a Willie Brown, el alcalde de San Francisco, vieron que la crema estaba demasiado hecha y que no se quedaría bien pegada en la cara. Así que compraron un pastel de cereza, el color de la sangre. |
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